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Opuestos en el sexo (y en algunas cosas más)
Escrito por IntraMed   
19.05.2006
Un tema biológico y social

Hombres y mujeres, ¿qué los diferencia?. Una respuesta puede ser obvia. Dejando de lado aquellas obviedades publicamos una serie de artículos que revisan, en profundidad, distintos aspectos y recorren las diferencias entre hombres y mujeres.  

“Biología de las diferencias sexuales humanas”
¿Qué hay en lo profundo de las bases biológicas que subyacen a hombres y mujeres?.
Una revisión del New England Journal of Medicine compila disparidades que van desde los mecanismos más íntimos de la genética hasta los de la fisiología.


“Cuestión de sexo”
En materia de salud se incrementa la cantidad de investigaciones destinadas a establecer la existencia de diferencias entre hombres y mujeres. Un análisis de este fenómeno que conlleva consecuencias para el sistema sanitario.

“¿Por qué algunas drogas afectan más a hombres que a mujeres?”
Una investigación determinó que las anfetaminas tienen mayores efectos en el sexo masculino. Este sería el puntapié inicial para determinar si existen otras drogas que afecten más a hombres que a mujeres.

“Hombres y mujeres: ¿qué los diferencia?”
Un estudio cerebral comparativo entre géneros reveló que las respuestas emocionales entre hombres y mujeres, ante la misma circunstancia, son diferentes. Por otra parte, la violencia hacia las mujeres está conduciendo a un verdadero genocidio femenino mundial.

“Sexo y percepción de la gravedad de la cardiopatía: evidencias de que las mujeres son más resistentes”
¿Cómo se percibe la enfermedad coronaria en hombres y mujeres?¿Quiénes la subestiman más?¿Quiénes resultan más afectados a raíz de su percepción?. Un trabajo original del American Journal of Medicine.

“¿Qué saben los hombres sobre su paternidad?”
Sospechas, mentiras verdaderas y verdades mentirosas. La percepción de los hombres acerca de su paternidad, un estudio antropológico sobre los padres  “confiados” versus los padres “dubitativos”.

“Jaque a la cultura patriarcal: el liderazgo femenino”
Cuando lo femenino no es sinónimo de mujer. Un repaso por el concepto de género y puntos de vista sobre el liderazgo femenino y su rol en la sociedad.

“Fertilidad femenina-rivalidad masculina”
Un trabajo de investigadores de la Universidad de Liverpool revela que en el período de ovulación de la mujer se generan cambios en el comportamiento de su pareja.

“¿Los hombres no escuchan? (a las mujeres)”
Lo que sucede desde el punto de vista fisiológico con la voz femenina en el cerebro masculino. A parecer, una situación mucho más compleja que lo que se da a la inversa. 

“Hombres, mujeres y fantasmas en la ciencia”
En el ámbito de ciencia como en muchos otros no hay igualdad de oportunidades para las mujeres respecto a los hombres. Un análisis de como influye el contexto social, las evaluaciones de admisión y la biología inherente a cada uno de los sexos, entre otros.

“Punto de vista: Mirar/nos (para no ver)”
Un análisis de la búsqueda científica de las diferencias entre hombres y mujeres. Incógnitas y reflexiones con final abierto.

"Cuestión de sexo"

Sobre el fenómeno de la atención diferenciada a la salud de hombres y mujeres

Por Gonzalo Casino

De un tiempo a esta parte la investigación e información sobre la salud de hombres y mujeres parecen querer seguir caminos bien diferenciados. El fenómeno ha ido tomando cuerpo en la década de los noventa, y ahora un día sí y otro también nos desayunamos con estudios empeñados en marcar las diferencias. Así, el British Medical Journal (BMJ) de este sábado publica una investigación sobre las diferencias sexuales en la recuperación de la anestesia: las mujeres salen antes pero sufren más efectos secundarios y su restablecimiento global es más lento. La publicación de este trabajo en el BMJ, que por cierto presume de ser el segundo sitio web de salud más visitado tras MedScape en la lista 100hot.com, no debe ser interpretada necesariamente como respuesta al deseo de “hacer el BMJ menos aburrido”, formulado por sus editores y comentado aquí la semana pasada. Las otras revistas de gran impacto también se ocupan con inusitada asiduidad de las diferencias sexuales en materia de salud. El New England Journal of Medicine (NEJM), por ejemplo, daba cuenta en su número del 8 de marzo de las diferente carga viral entre hombres y mujeres tras la infección por VIH (Initial Plasma HIV-1 RNA Levels and Progression to AIDS in Women and Men); por su parte, el JAMA de este miércoles está dedicado por completo a la salud de la mujer, y en el del 14 de marzo se publicaba un trabajo que analizaba las diferencias entre hombres y mujeres en un potencialmente grave problema cardiaco inducido por fármacos (induced QT prolongation). Y esto son sólo algunos de los últimos ejemplos.

Este interés por las diferencias sexuales en materia de salud es sin duda expresión de un fenómeno complejo y de mayor calado, que va salpicando la opinión pública de noticias, opiniones y comentarios diversos. Hoy, sin ir más lejos, el siempre agudo Vicente Verdú escribe en El País: “Los psiquiatras más interesados por la condición humana afirman que si el número de mujeres deprimidas dobla hoy al de los hombres no es tanto por una filigrana hormonal como debido a una mayor ambición femenina por ser feliz”. Pero la actualidad está repleta de filigranas hormonales, sesgos sexuales y peculiaridades femeninas y masculinas, que aparecen constantemente en los medios de comunicación generales y que últimamente han alumbrado la aparición de publicaciones específicas sobre la salud de hombres y mujeres.

A través de esta ventana al mundo que es internet pueden vislumbrarse las magnitudes de este fenómeno. Así, en la mencionada lista de 100Hot.com, esta semana el sexto puesto está ocupado por un sitio web dedicado a la salud femenina, Obgyn.net, The Universe of Women’s Health, y el número once corresponde a un sitio de salud exclusivo para hombres MensHealth.com. La propia American Medical Association (AMA) dispone del el JAMA Women’s health information Center, y el Gobierno de EE UU tiene también un National Women’s Health Information Center. Desde 1990 existe la Society for Women’s Health Research (SWHR) y, desde 1991, la equivalente Men’sHealth Network. Sólo hay que tirar del hilo de los enlaces para percatarse de que el ovillo de los sitios de salud para mujeres y para hombres es impresionante, y que los datos no son siempre coincidentes (en este sentido es esclarecedora una página de la SWHR que recoge hechos y falacias sobre la salud de mujeres y hombres). Aunque a veces puede parecer que asistimos a una variante refinada de la guerra entre los sexos, lo cierto es que el creciente estudio de las diferencias sexuales en materia de salud está demostrando que no se había prestado la suficiente atención a estas cuestiones y que, excesos y tonterías aparte, por este camino la salud de todos saldrá beneficiada.

Sexo y percepción de la gravedad de la cardiopatía: evidencias de que las mujeres son más resistentes

Introducción
La mayoría de las mujeres padecen síntomas similares a los hombres, pero también presentan manifestaciones que son atípicas de enfermedad coronaria, como fatiga, dolor de espalda y otros. Algunos trabajos demostraron que las mujeres, en relación con los hombres, demoran la consulta médica cuando presentan síntomas. Más aún, las mujeres son más reticentes que los hombres en participar en programas de rehabilitación.

Quizás estas disparidades están relacionadas con las diferentes formas en que los hombres y las mujeres juzgan la importancia de la enfermedad coronaria y el impacto que ésta produce en la vida cotidiana.
Este trabajo tiene por objeto establecer si los hombres y las mujeres con antecedentes de enfermedad se diferencian en sus percepciones sobre la gravedad de la enfermedad coronaria.

Métodos

El estudio es de corte transversal sobre los pacientes dados de alta en el Hospital de la Universidad de Michigan entre Julio 1999 y noviembre de 2002. Se tomaron en cuenta sólo los pacientes de ambos sexos que tuvieron síndromes coronarios agudos (angina inestable, supradesnivel ST o infarto sin supradesnivel ST). La información subjetiva se obtuvo por correo y los datos objetivos se obtuvieron de las respectivas historias clínicas.
Los datos solicitados a los participantes fueron:

- Raza
- Educación (con secundario completo y sin secundario)
- Situación económica
- Edad (se los agrupó por arriba o por debajo de los 65 años)
- Medicación (escasa: <8 medicamentos diarios, y abundante >8 medicamentos diarios)

La intensidad, la frecuencia y la molestia de los síntomas se determinaron mediante un sistema de Symptom Distress Checklist, que incluyó la presencia o no de 24 síntomas. El punto de inflexión para establecer las categorías de síntomas escasos o numerosos, fueron 8 síntomas. Se estableció también una puntuación de capacidad funcional cardíaca. La percepción de la gravedad de la cardiopatía se clasificó en 5 clases según que la intensidad de los síntomas fuera muy leve, leve, moderada, intensa y muy intensa.

Resultados

De un total de 1217 personas a quienes se les enviaron las encuestas, contestaron 490, de las cuales 348 eran hombres y 142 eran mujeres.

Las mujeres informaron sobre menor ingreso económico y menor nivel educativo que los hombres. También presentaron menor capacidad funcional cardíaca, mayor número de síntomas cardíacos y un mayor consumo de medicamentos que los hombres. Las puntuaciones de calidad de vida, según los métodos de clasificación utilizados también fueron menores para las mujeres.

A pesar de estos guarismos desfavorables en las mujeres, la percepción de la gravedad de la enfermedad cardíaca fue similar a la de los hombres. En otros términos, a igualdad de intensidad de dolor o de discapacidad física, los hombres lo percibieron como de mayor gravedad que las mujeres.

Discusión

En los análisis bifactoriales, las mujeres tuvieron la misma percepción sobre la gravedad de su enfermedad coronaria que los hombres, a pesar de que sus síntomas fueron más intensos y su capacidad de actividad diaria fue menor. En los análisis multifactoriales, los hombres percibieron su enfermedad como de mayor gravedad que las mujeres, tras ajustar las diferencias terapéuticas.

Este y otros estudios, sugieren que las mujeres se ven más afectadas que los hombres por las patologías cardíacas desde el punto de vista físico y psicosocial. Sin embargo, si bien la gravedad de la enfermedad y las comorbilidades son mayores que en los hombres, el principal hallazgo de esta evaluación demuestra que la percepción de la enfermedad no es más intensa que en los hombres.

En general, las mujeres se encuentran ante mayores desafíos para superar las enfermedades cardiovasculares por tener mayor edad, un menor nivel de educación, menor tendencia a vivir en pareja, presentar mayor incidencia de otras patologías y estar en clase funcional cardíaca más avanzada. Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de mortalidad en las mujeres y las tasas de mortalidad son mayores que en los hombres especialmente si existe la asociación con diabetes. A pesar de esto, las mujeres se defienden menos agresivamente ante la enfermedad, son reticentes a ingresar en un plan de rehabilitación cardiovascular y subestiman la atención médica. Si estas diferencias se deben a decisiones propias de las mujeres y no a sesgos de diagnóstico, asesoramiento y tratamiento por parte de los médicos, entonces es importante comprender las percepciones, las creencias y las actitudes de las mujeres ante la enfermedad cardiovascular.

Conclusiones

Los hombres le otorgan mayor trascendencia a sus problemas cardiovasculares y los consideran más graves e intensos que las mujeres. Las implicancias de este hallazgo no son triviales, porque con esta actitud, las mujeres tienden a una menor atención y a una menor tasa de diagnóstico y tratamiento que los hombres.

Es muy probable que esto se deba, al menos en parte, a una subestimación de la enfermedad cardiovascular en la mujer por parte de los médicos. Una evidencia de esta actitud es el menor número de estudios intervencionistas (angioplastia o cirugía de revascularización), realizados en las mujeres en relación con los hombres. Sería una postura cómoda y fácil, adjudicarle a las mujeres una mayor capacidad de tolerancia y resistencia ante la enfermedad, como única explicación a este fenómeno, en lugar de investigar el grado de responsabilidad de la información y de la atención por parte de los médicos.

Aspectos destacados

¿Qué se sabía del tema?

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de mortalidad en las mujeres y las tasas de mortalidad son mayores que en los hombres especialmente si existe la asociación con diabetes.

La mayoría de las mujeres padecen síntomas similares a los hombres, pero también presentan síntomas que son atípicos de enfermedad coronaria, como fatiga, dolor de espalda y otros.

En relación con los hombres, ante la presencia de síntomas las mujeres demoran más en realizar una consulta médica.

Las mujeres son más reticentes que los hombres en participar en programas de rehabilitación.

¿Qué aporta el estudio?

En los análisis bifactoriales, las mujeres tuvieron la misma percepción sobre la gravedad de su enfermedad coronaria que los hombres a pesar de que sus síntomas fueron más intensos y su capacidad de actividad diaria fue menor. En los análisis multifactoriales, los hombres percibieron su enfermedad como de mayor gravedad que las mujeres tras ajustar para las diferencias terapéuticas.

¿Cómo se vincula a la práctica?

Con esta actitud, las mujeres tienden a una menor atención y a una menor tasa de diagnóstico y tratamiento que los hombres. Es muy probable que esto se deba, al menos en parte, a una subestimación de la enfermedad cardiovascular en la mujer por parte de los médicos.

Los médicos deberían realizar una autocrítica sobre el grado de información que le trasmiten a las mujeres con patologías cardiovasculares y si le otorgan la trascendencia diagnóstica y terapéutica que merecen.

Traducido y adaptado de Nau DP, Ellis JJ, Kline-Rogers EM, et al
"Gender and perceived severity of cardiac disease: Evidence that women are “tougher”"
College of Pharmacy and Internal Medicine, Cardiology, University of Michigan, Ann Arbor, Mich.American Journal of Medicine 2005;118: 1256-1261.

Jaque a la cultura patriarcal: el liderazgo femenino

Por la Lic. Fabiana Andrea Mendez

Ya en 1949 en el “Segundo Sexo” Simone de Beauvoir, jaqueó la esencia misma del patriarcado rechazando la biología como destino de la mujer con una frase, polémicas si las hubo y habrá….

No se nace mujer, se llega a serlo

Y el sistema respondió, seguramente muy debilitado por tremenda jugada – pero continuando la partida y, lejos del pronóstico de aquella época, hasta diríamos que,  fortalecido, fundamentalmente en la década del noventa.

De allí que, en pleno 2006, al plantearme escribir acerca del Liderazgo Femenino es condición necesaria que aclare, quizá lo que para algunos una obviedad:  “Liderazgo femenino” no es sinónimo de “liderazgo de mujeres”. El estudio del”liderazgo femenino” es un estudio genérico de liderazgo (que puede ser ejercido por varones y mujeres) y por lo tanto su estudio no se limita a analizar a las mujeres que accedieron y/o ejercen posiciones de poder.

Pero esta confusión existe y está instalada en muchos escritos. Y no la creo casual, ya que , y casi sin darnos cuenta, la cultura patriarcal es nuevamente jaqueada por el “concepto de Liderazgo Femenino”, el cual - y por suerte para quienes promovemos este estilo -alcanzó su mayor popularidad y explosión mediática por el notorio acceso de mujeres a al poder y a la conducción , siendo la chilena Michelle Bachelet quien instaló definitivamente el tema a nivel mundial.

Y la confusión se da cuando se plantea el tema como un juego de opuestos: Varones Líderes / Mujeres Líderes Liderazgos Masculinos / Liderazgo Femeninos, opacando, de esta forma, la relevancia de un concepto “reaccionario y de gran valor” que pone “en discusión” la esencia misma del patriarcado, al punto de cuestionarlo, precisamente, en su estilo de conducción y la efectividad lograda con el mismo.

Por lo tanto, y es precisamente el objetivo de este trabajo, repasar globalmente algunos conceptos, imprescindibles a la hora de fundamentar y desarrollar los pilares del llamado “liderazgo femenino”, para luego sí describirlo y caracterizarlo.

Índice Temático

1. Lo primero es lo Primero: El Concepto de Género Pág. 3
2. El Liderazgo – Teorías que lo definen Pág. 7
3. Los Nuevos Estilos de Liderazgo Pág. 11
Liderazgos Relacionales
Liderazgo Transaccional
Liderazgo Transformacional
Liderazgo Trascendental
Liderazgos Resonantes
3-Acercándonos al Liderazgo Femenino Pág. 16
4-“El Aquí y Ahora” del Liderazgo Femenino Pág. 22
5-Bibliografía consultad Pág.25

"Hombres, mujeres y fantasmas en la ciencia"

Por el Dr. Peter Lawrence

“En el ritmo actual, no se espera que las mujeres europeas alcancen paridad con los hombres en las posiciones científicas académicas sino hasta el 2050”.
Gerlind Wallon

Algunos sueñan con que, el día menos pensado, habrá igual número de hombres y mujeres en todos los trabajos, incluyendo aquellos en investigación científica. Pero pienso que este sueño es una utopía; asume que si todas las puertas se abrieran y toda discriminación terminara, los diferentes sexos podrían ser profesionalmente indistinguibles.

El sueño es sostenido por un culto de exactitud política que ignora los hechos de la vida y prospera sólo porque la mente humana quiere enterrar su experiencia, así como construye creencias. Aquí yo discutiré, como otros lo han hecho muchas veces antes, que las mujeres y los hombres nacen diferentes. Mas aún, nosotros los científicos negamos esto, permitiéndonos identificar el “mejor” candidato para trabajos y promociones, sometiendo a hombres y a mujeres a los mismos tests. Pero desde que estas pruebas favorecen características predominantemente masculinas, tal como la confianza en si mismo y la agresión,  se eligen más hombres y se desalienta a las mujeres. La ciencia serviría más si diéramos más oportunidad y poder, a los individuos apacibles, reflexivos, y creativos de ambos sexos. Y si lo hiciéramos, más mujeres podrían ser elegidas, más podrían elegir permanecer en la ciencia, y más podrían alcanzar la cima.

Un taboo

No es fácil escribir, ni hablar, sobre esto. Si usted dice, por ejemplo, que las mujeres son en promedio, más comprensivas que otros, esto podría ser interpretado como misoginia disfrazada. Si usted establece que los muchachos, en promedio, son mucho más propensos a convertirse en “nerds” de la computación que las mujeres, la gente podría reaccionar como que usted planea prohibir a todas las mujeres de las oficinas comerciales de los bancos mercantiles. El psicólogo de la Universidad de Cambridge, Simon Baron Cohen, publicó una investigación sobre el cerebro masculino en una revista especializada en 1997, pero no se atrevió a hablar sobre sus ideas en público por varios años. Una razón para este taboo absurdo es que no podemos pensar objetivamente porque nuestras mentes están llenas de creencias rebeldes y engañosos “fantasmas”. Y uno de estos fantasmas es el dogma de que todos los grupos de gente, tal como los hombres y las mujeres, son en promedio lo mismo, y que no deben ser aprobadas las distinciones genéticas.
Estos fantasmas hacen tendenciosas nuestras percepciones y censuran nuestros pensamientos.

Los chicos y las chicas nacen diferentes y permanecen así

“La probabilidad de que una mujer lo ataque a usted esta noche camino a casa es aproximadamente nula. Esta es una rareza específica de mi género”. Michael Moore

Baron Cohen opina que no se pueden deducir las características psicológicas de una persona conociendo su sexo. Discutiendo desde la literatura científica que las mujeres y los hombres típicamente tienen diferentes tipos de cerebro, el no obstante precisa que “algunas mujeres tienen cerebro masculino, y algunos hombres tienen cerebro femenino” .
El estereotipo es poco científico, “los individuos son sólo eso: individuos”. Aún, Baron Cohen presenta la evidencia de que los hombres en promedio están biológicamente predispuestos a sistematizar, a analizar, y a olvidarse más de los otros, así como las mujeres en promedio están  de manera innata diseñadas para tener empatía, comunicar y cuidar de los otros. Los hombres tienden a pensar acotadamente y obsesionarse, así como las mujeres a pensar ampliamente, teniendo en cuenta argumentos balanceados. Clasificando a los individuos en términos generales, el concluye que entre los hombres alrededor del 60% tienen cerebro masculino, 20% cerebro balanceado y 20% cerebro femenino. Las mujeres muestran cifras inversas teniendo en un 60% cerebro femenino.
Muchos hechos (ver referencia 2) ponen en discusión que esas diferencias tengan sus raíces en la biología y en la genética. Aquí hay algunos ejemplos.

Primero, es duro y necesario advertir que hay dificultades en la distinción entre natura y nurtura en el comportamiento humano o animal. Sin embargo, los bebés recién nacidos (con menos de 24 horas de edad), pueden ver un rostro humano real y un móvil del mismo tamaño y color. En promedio, los niños miran más al móvil y las niñas miran más las caras.
Segundo, estas diferencias al nacimiento deben desarrollarse más temprano. Un factor es el nivel de testosterona en el cerebro en desarrollo alrededor de los tres meses de gestación, el cual es más alto en varones (debido a que la hormona es producida por el feto en sí mismo). Muchos estudios muestran que la testosterona afecta el desarrollo y el comportamiento, no sólo en humanos sino también en mamíferos. La testosterona patrocina el desarrollo del fenotipo masculino, que puede influir en el comportamiento aún de los animales del mismo sexo. Por ejemplo, suministrando testosterona a hombres mayores específicamente mejoran su habilidad en aquellos tests espaciales en los cuales los hombres tienen puntaje más alto que las mujeres.

Tercero, las condiciones del espectro de autismo están basadas genéticamente y han sido descriptas en detalle. La gente con esos problemas se comunican pobremente, son incapaces de ponerse en el lugar del otro y tienen dificultades para establecer empatía. Tratan a los demás como objetos. Usualmente se vuelven obsesivos y tienen un comportamiento repetitivo.

Los afectados menos severamente pueden convertirse en expertos en temas raros, tal como las tablas de tiempo de los trenes o las temperaturas oceánicas.
Lo más relevante para nuestros argumentos es que es que el espectro de condiciones están en gran medida limitadas al sexo, siendo entre 4 y 9 veces más frecuentes en los hombres. Desde muchos estudios, incluyendo psicología y neuroanatomía, Baron Cohen muestra convincentemente que el espectro de condiciones en el autismo son una entramada forma de masculinidad.

No habrá escapado la noticia a muchos científicos de que algunos de sus colegas y tal vez ellos mismos tienen más que una insinuación de esas características “autistas”. Hay una buena evidencia de que este tipo de mentalidad es particularmente común en hombres.
Verdaderamente nosotros quizás reconozcamos una cantidad limitada de comportamiento autista puede ser útil para los investigadores y la sociedad, por ejemplo, la concentración en el tiempo de vida de una familia de escarabajos con más de 100.00 especies puede parecer raro, pero necesitamos varias de tales personas en el mundo para cada familia. Y la mayoría de esos especialistas serán hombres (la página web del Instituto Smithsoniano en Washington sugiere que su sistemática consiste en alrededor de 30 mujeres y 125 hombres). A esto le sigue que si buscamos objetivamente un conocimiento obsesivo, para una maestría de hechos recónditos, o para un entendimiento mecánico, elegiremos más hombres que mujeres. Y si los hombres en promedio son constitucionalmente de mejor conveniencia para ser esta clase de científicos, parece tonto ayudar a una estricta paridad de género.

Aún así en profesiones que recaen la habilidad de ponerse uno mismo en el lugar del otro, en los cuales las mujeres son en promedio lejanamente superiores, deberíamos esperar y desear una mayoría de mujeres. Por ejemplo a lo largo de los miembros estudiantes corrientes de la sociedad británica de psicología, hay 5806 mujeres en relación a 945 hombres, y entre los psicólogos graduados 23324 mujeres en relación a 8592 hombres. De aquellos quienes practican como psicólogos rentados, la razón ha caído fuertemente (7369 mujeres contra 4402 hombres). Así entre los premios de la sociedad, honrados grandemente por sus investigaciones hay 428 hombres contra solo 106 mujeres!.

Representación de los hombres y las mujeres en la ciencia

Entre los estudiantes biomédicos en Europa y en estados unidos, hay números similares de hombres y mujeres, sugiriendo tal vez que la remuneración es similar para ambos sexos.
Pero con el más alto y el más alto rango, la proporción de mujeres cae inexorablemente, los profesores de tiempo completo son sólo 10% mujeres. Las mujeres se retiran constantemente y muchas de ellas habiendo demostrado una alta habilidad. Está lleno de evidencias de tendencias similares en diferentes ramas de la ciencia. Por ejemplo en el laboratorio de biología molecular en Cambridge, Reino Unido, donde trabajo, la razón de géneros de estudiantes graduados es comúnmente de 43 hombres a 35 mujeres, así la razón de líderes de grupo es 56 hombres contra 6 mujeres.

¿Hay razones prácticas o sociales por las cuales queramos mantener un balance más equitativo, especialmente donde los científicos tienen poder sobre los otros?. La respuesta corta es sí, y aquí hay tres razones:

Primero, estos importantes trabajos de investigación, requieren una mezcla de habilidades, con una mezcla de hombres y mujeres pueden llevarse a cabo mejor.
Actualmente, los poseedores de estos trabajos planean proyectos de ciencia, escriben proyectos de becas y artículos, y tratan de que sus papers establezcan redes en las mejores revistas. Sus estudiantes y postdoctorandos, mayormente jóvenes e inexpertos, usualmente hacen todo el trabajo bruto. Estos estudiantes necesitan más que instrucciones, ellos también necesitan mentores quienes sean capaces de escucharlos y enseñarles de una manera entendible. Verdaderamente, algunos individuos merecen libertad para trabajar sobre sus propias ideas: por ejemplo Einstein no estaba doctorado cuando escribió 4 de los 6 de sus grandes papers. No muchos estudiantes adquieren sus oportunidades ahora, así como su potencial. El entendimiento sobre los individuos y el trabajar sobre como hacer lo mejor de sus diversas habilidades son, tal como hemos visto, cualidades predominantemente femeninas.

Segundo, si tenemos una mezcla balanceada de hombres y mujeres a cargo en nuestros institutos, creo que tendríamos lugares de trabajo más productivos y con mayores satisfacciones. No debemos olvidar que la motivación para trabajar duro y resolver problemas puede provenir desde colegas contenedores, así como desde la competitividad.
Tercero, es evidente en si mismo que los líderes científicos deben incluir una diversidad de gente desde los cuales los individuos más jóvenes puedan tomar modelos de rol así como seleccionar sus carreras. La pérdida en el presente de mujeres científicas en la cima desviará al las mujeres desde la ambición científica; no tiene sentido desalentar a un futuro Francis Crick.

Muchos han tornado su atención para explicar la caída de las mujeres desde la ciencia; es adjudicado naturalmente a una mezcla de discriminación y elección.
Con respecto a la discriminación en mi tiempo de vida en la ciencia, he visto sólo un poco de ella y ha sido para ambos y contra las mujeres. Seguramente la discriminación de género no puede explicar más que una minúscula parte de esta tendencia. Aún así, la elección es ciertamente el factor principal. Algunas elecciones son inevitables; si es cuestión de tener niños, las mujeres lo tendrán que sobrellevar.

Sin embargo, después de aproximadamente seis semanas no hay motivo, en principio, para que el cuidado principal no pueda ser llevado a cabo por el padre. Más tarde, podría ser solo el padre quien tome tiempo de su trabajo para cuidar al niño enfermo. Todavía en cierto modo a raíz de las diferentes prioridades que en promedio tienen hombres y mujeres, una proporción mucho más alta de mujeres colocan las necesidades de sus niños primero y escalan su carrera en segundo lugar.

Pero hay una clase diferente de discriminación que particularmente daña la búsqueda creativa tal como la de la ciencia. Hay buena evidencia psicológica de que la agresión y pérdida de empatía son en promedio características masculinas, y podemos concordar con Baron Cohen que para ambos sexos, “lo sucio...te coloca en lo más alto socialmente y te otorga más control o poder”. La ciencia no debe ser una operación militar o de negocios, pero hoy en día y cada vez más en aumento nos recuerda, a la mayoría, que es una lucha viciosa para sobrevivir. En esta lucha, los hombres escalan más alto porque en promedio son más despiadados, y muchas mujeres, así como las personas minoritarias entre los hombres, huyen asustadas de la competencia con ellos. Y yo pienso que nuestros métodos de selección exacerban esta tendencia.

Búsquedas de trabajo en la academia

Alrededor de 100 años atrás, Ibsen arrojó luz sobre los secretos de la vida contemporánea, y haciendo esto, bregó por los derechos de las mujeres. Pero desde esto, la campaña feminista para la igualdad ha contribuido a construir la creencia de que hombres y mujeres, en promedio, tienen exactamente las mismas aptitudes.

Es momento de que exorcicemos este fantasma particular, y si lo hacemos, esto ayudará a poner más de los menos individuos de la sociedad, la mayoría quienes son mujeres, en las posiciones de poder. Por ejemplo en las búsquedas de trabajo y en considerar personas para promociones, convocamos a las mujeres a hacer tests que son mayormente ideados por hombres, que tienden a sobrevaluar las características masculinas. Si las mujeres y los hombres en promedio fueran idénticos, ninguno podría ver una falla en esto, pero si ha acuerdo en que no lo son, los tests se volverían discriminatorios favoreciendo aquellos tantos hombres y aquellas pocas mujeres con comportamiento masculino.
En el presente, en la competencia por puestos académicos, esperamos que nuestros candidatos se encaminen en un proceso agotador de entrevistas que demandan una confidencia de si mismo. Estamos impresos por la ampulosidad y la advertencia de nosotros mismos, especialmente si no conocemos el campo, y podemos no estar informados  conexión con el crédito de los otros, todos de los cuales en promedio son de la preferida jurisdicción de los hombres. Pero podríamos también buscar afuera científicos talentosos quienes deseen cuidar bien de sus grupos, aquellos quienes desearían ser mentores de un estudiante distresado y ayudarlo o ayudarla a tener un trabajo productivo. Y si lo hacemos elegiríamos más mujeres femeninas así como hombres más femeninos.
Y lo más importante de todo, podríamos intentar elegir por la única característica que necesitamos más, ¿la originalidad científica?.

La originalidad y la creatividad son muy raras, y se que no hay evidencia que esos rasgos son más frecuentes en un sexo. Así como trabajosamente comparamos candidatos,  sumando sus papers y calculando factores de impacto, ¿recordamos mirar esas cualidades?.

En vez de leer los papers, los contamos. El conteo recompensa a aquellos que han tenido más papers aceptados, y que han labrado sus nombres dentro de la lista de autores. ¿Pero es el proceso editorial de selección de papers un único objetivo?. Ciertamente no; en la jungla donde luchamos por publicar, los hombres de negocios  y los arremetedores se cotizan y estas tienden a ser características masculinas. Por esto, si leyéramos los papers de los candidatos y buscáramos originalidad y perspicacia, creo que elegiríamos más mujeres, así como más hombres con cualidades femeninas.

No estoy abogando por la discriminación positiva; en vez de esto sugiero que concientemente tratemos de ver a través de lo que los hombres muestran y elegir las cualidades que actualmente necesitamos.

He argumentado que reduciendo el premio que le damos a la agresión, podríamos en varias formas diferentes, tener más mujeres en la ciencia y tener también mejor ciencia. Aún así es esta utopía, pienso mucho menos del 50% de los físicos de renombre, podrían ser mujeres (y menos del 50% de los profesores de literatura podrían ser hombres). Pero no creo que esto debería ser importante, pienso que deberíamos hacer mejor uso de las cualidades diversas de la gente. Hombres y mujeres deberían aceptar que aunque hay mucho solapamiento entre las dos poblaciones, somos constitucionalmente diferentes, una diversidad de la que deberíamos ser capaces de celebrar y de discutir abiertamente. Ambos, mujeres y hombres, deberían liderar aquellas discusiones con orgullo.

Traducido y adaptado de Lawrence P.A (2006) Men, women and ghosts in science. PLoS Biology 4 (1): e 19.

"Punto de vista: Mirar/nos (para no ver)"

Por el Dr. Daniel Flichtentrei

Las diferencias entre hombres y mujeres han desvelando el pensamiento del hombre desde la más remota antigüedad. Esa fascinación originaria se instaló definitivamente en el mismo momento en que, concientes de lo que los separaba y de la inevitable unión de la que no podían escapar, los humanos habilitaron a la sexualidad como tema.

Se define a la “fascinación” como aquello que captura la mirada hasta el punto en que esta no puede apartarse de él.

La descripción de cada uno de los más minúsculos aspectos sobre los que se funda la diferencia parece no agotar la búsqueda de nuevos motivos para investigar originando una serie infinita que intenta construir el repertorio promenorizado de esa distinción. La curiosidad y el interés, dentro y fuera del espacio de la ciencia, son insaciables. Tal vez alguien debería interrogarse no sólo sobre las cuestiones que esa curiosidad plantea sino acerca de los oscuros senderos que le dan origen.

Dice Pascal Quignard: “Llevamos con nosotros el trastorno de nuestra concepción... No hay imagen que nos afecte que no recuerde los gestos que nos hicieron... Venimos de una escena en la que no estuvimos...La humanidad no deja de surgir de una escena que enfrenta a dos mamíferos macho y hembra cuyos órganos urogenitales, a condición de que la anormalidad se apodere de ellos, desde el momento en que se han vuelto claramente deformes, se encajan...El hombre es aquél a quien le falta una imagen”

La tarea de desocultar esas diferencias, una vez desencadenada, jamás alcanza su objetivo. Hoy el discurso legítimo proviene de las ciencias y es allí donde se gesta la palabra autorizada. Construir conocimiento despojado de las nieblas del deseo y la subjetividad, hacer “natural” cada fenómeno, desinvestir de misterio y de espanto lo que nos hace hombres o mujeres es una pretensión legítima pero, tal vez, al mismo tiempo es un sueño ingenuo.

Si la serie infinta de conocimiento no alcanzara nunca a describir la totalidad del objeto, si el pormenorizado y molecular entramdo de los sexos no resultara suficente para atraparlos en su discurso. Si las cosas fuesen fatalmente de este modo, entonces, sospecho que eso ocurriría por poderosas razones que ignoro y por secretos temores que comprendo.

Las investigaciones se multiplican en su afán de objetivar, registrar, documentar aquellas distinciones entre hombres y mujeres. Definirlas, localizarlas, desocultarlas es también un intento por conjurar el misterio originario. Establecer el pormenorizado repertorio de la diferencia contribuye a comprender sus aspectos particulares y a extender la secreta impresión de que las verdaderas preguntas nunca podrán responderse, desde el momento en que aún no nos hemos atrevido a formularlas.

"Biología de las diferencias sexuales humanas"

Por el Dr. Daniel Federman.

Introducción
Tanto en medicina como en aquellos campos relacionados cada uno de nosotros entiende que hay marcadas diferencias basadas en el sexo, referidas a la epidemiología, manifestaciones clínicas, curso y terapia de la enfermedad. Aunque muy pocas de esas diferencias se entienden en términos moleculares o celulares, las explicaciones deben derivar de las diferencias biológicas fundamentales entre los sexos. Este artículo resume el entendimiento actual acerca de las diferencias hormonales y genéticas entre los sexos.


Fertilidad en hombres y mujeres
La fertilidad difiere considerablemente entre hombres y mujeres. Los hombres son fértiles desde la pubertad hasta por lo menos la novena década de su vida e, incluso en algunos casos,  hasta la décima década. Aunque hay alguna disminución en la fecundidad, la espermatogénesis es activa durante esos años. El proceso preserva las células germinales, porque el primer paso en la espermatogénesis es una división mitótica en la cual una de las células hijas es introducida en el epitelio basal y la otra progresa a meiosis y a la producción de gametas haploides.

La fertilidad femenina difiere radicalmente de la masculina. Las mujeres son fértiles sólo por las 12 horas posteriores a la descarga mensual de un óvulo del folículo dominante en el ovario. Una secuencia endocrinológica elaborada yace bajo esta fertilidad rítmica
La primera fuente de este ciclo es el núcleo arcuato del hipotálamo; estas pocas células descargan una hormona dedecapéptida liberadora de gonadotrofinas en pulsos que varían en amplitud y frecuencia dependiendo de la fase del ciclo menstrual.
En el comienzo de cada ciclo menstrual, la frecuencia y amplitud de los pulsos de la hormona folículo estimulante aumenta, llevando a  la liberación de 10 a 12 folículos ováricos.
Uno de ellos se convierte en el folículo dominante y en la fuente principal de un extraordinario aumento de los estrógenos durante cada ciclo menstrual. Hacia la mitad del ciclo menstrual una aceleración y amplificación de los pulsos de hormona liberadora de gonadotrofina lleva a una “oleada” de hormona luteinizante y hormona folículo estimulante que dispara la ovulación. En las dos semanas posteriores a la ovulación, el estrógeno y la progesterona son secretadas activamente por el cuerpo lúteo, el resto del folículo dominante luego de que el óvulo es liberado. La segunda fuente del ritmo de la fertilidad femenina es el ciclo de vida de dos semanas del este cuerpo lúteo. Si la fertilización no ocurre el cuerpo lúteo se degenera, los niveles de estrógenos y progesterona caen, y esto resulta en el período menstrual.
La otra diferencia principal en la fertilidad entre hombres y mujeres es la fuerte apoptosis que ocurre en los folículos ováricos. De los 3 a 4 millones de folículos presentes en el tiempo de la diferenciación ovárica fetal, solo 1 millón, o alrededor de este número, persisten al nacimiento; 400.000 a 500.000 persisten en la menarca y ninguno más allá de la sexta década. Este proceso de desgaste ovárico, el cual es acompañado por una caída en los niveles de estrógeno y progesterona, lleva a la menopausia con enormes consecuencias para la salud de la mujer y riesgo de enfermedad.
El rol de la madre en la nutrición directa del feto durante la gestación es una circunstancia especial que puede tener una muy importante implicancia para un área de impresionante disparidad en lo relacionado a desórdenes autoimunes entre sexos. Enfermedades graves, como lupus eritematoso sistémico, esclerodermia, y esclerosis múltiple comparten características clínicas, pero afectan a las mujeres de 3 a 10 veces más frecuentemente que a los hombres.
La suposición más aceptada a través del tiempo fue que los esteroides gonadales tienen el mayor rol en esta disparidad, pero el descubrimiento de que las células fetales persisten en la circulación materna por décadas después del parto, ha llevado al desarrollo de una hipótesis más ajustada, relacionada a la presencia de aquellas células extrañas que generan exposición antigénica, la cual podría ser la causa de las reacciones inmunes aumentadas en la mujer.

Diferencias hormonales entre sexos
Las diferencias entre sexos que establecen y subyacen a la diferenciación de los caracteres sexuales secundarios en la pubertad se deben a la influencia de andrógenos y estrógenos. Todos los estrógenos son obligatoriamente sintetizados a partir de los andrógenos. La reacción que lleva a esta síntesis es catalizada por una enzima, la aromatasa (citocromo P- 450 19), la cual posee diferencias sustanciales en actividad entre hombres y mujeres.
El hecho de que ambos sexos sinteticen las mismas hormonas esteroides significa que se necesitan diferencias fisiológicas cuantitativas. Para indicarlo de otra forma, las diferencias dependientes de esteroides sexuales entre hombres y mujeres reflejan dos decisiones regulatorias: cuánto andrógeno es fabricado y qué porcentaje de esa cantidad es convertido en estrógeno. Si nos focalizamos en la testosterona y el estradiol, los dos más potentes representantes de su clase, y las hormonas principales sintetizadas en las gónadas, hay evidencia de dos grandes diferencias. Los testículos fabrican alrededor de 7000 microgramos de testosterona por día y convierten un cuarto del 1 por ciento en estradiol. De manera basal el ovario fabrica sólo 300 microgramos de testosterona por día, pero convierte la mitad completa en estradiol.
Los niveles de estas dos hormonas varían a través del ciclo menstrual, con algún incremento en la producción de testosterona, pero cuando el folículo dominante desarrolla, hay un gran incremento en el porcentaje de testosterona que es convertido a estrógeno. Así dos poderosas diferencias se construyen en el sistema. Primero los hombres fabrican por lo menos 20 veces más andrógeno que las mujeres. Segundo, este contraste está amplificado por el hecho de que el porcentaje de andrógeno que es convertido en estradiol en mujeres es 200 veces más respecto del hombre. El contraste es más absoluto si se considera que la diferencia en potencia es de 1000 veces; los niveles de estrógenos son medidos en picogramos, mientras que los niveles de andrógeno son medidos en nanogramos.

Transporte de hormonas sexuales
El transporte de esteroides sexuales en el torrente sanguíneo refleja otro único arreglo evolutivo.
En la sangre, ambas hormonas se unen a globulina. Los andrógenos bajan el nivel de hormona ligada a globulina y los estrógenos lo aumentan  Más aún, las hormonas se unen con diferentes afinidades. Los cambios en los niveles de esteroide sexual unido a globulina tienen mayor efecto en el nivel de andrógeno libre (y su manifestación biológica) que en el correspondiente nivel de estrógeno libre. Un cambio dado en la hormona sexual ligada a globulina tiene menos efecto en la disponibilidad de estrógeno que en el de andrógeno. Por lo tanto el transporte en el suero de andrógenos a estrógenos contribuye a las diferencias basadas en el sexo por regulación de los niveles relativos de hormonas libres disponibles para otros tejidos.

Eventos periféricos
La aromatasa se expresa a nivel genético en  tejidos extragonadales y lo hace de diferentes formas. En un caso, el producto génico es una proteína que posee una función intracelular, que convierte andrógeno intracelular en estrógeno intracelular.No obstante en el hígado y en los adipocitos la aromatasa tiene un rol mayor relacionado a los niveles sistémicos de andrógenos. Muchas condiciones están asociadas con un exceso de actividad aromatasa como son: obesidad, Síndrome de Klinefelter, envejecimiento, hipertiroidismo, problemas hepáticos, endometriosis, fibromas uterinos, tumores de las células de Sertoli, tumores de las células germinales, tumores cordales sexuales.
Un número aumentado de adipocitos aumentan la cantidad relativa de estrógeno disponible, y ciertas enfermedades hepáticas aumentan los niveles de aromatasa hepática, lo que puede resultar en excesivo estrógeno circulante y ginecomastia. En mujeres postmenopáusicas, el metabolismo de la hormona adrenal dehidroepiandrosterona es el mayor determinante del estado de los esteroide sexuales. La dehidroepiandrosterona es un andrógeno muy débil, pero es el precursor de cualquiera de los más potentes andrógenos y estrógenos. En la presencia de adipocitos aumentados, la conversión a estrógeno es favorecida, este paso es aún más aumentado en el envejecimiento, ya que la actividad aromatasa se incrementa con la edad avanzada.
El desarrollo de caracteres sexuales secundarios en la pubertad refleja la fisiología sumarizada en este punto. Los hombres fabrican predominantemente testosterona y convierten una fracción porcentual a estrógeno. Los efectos fenotípicos de la testosterona incluyen la musculatura masculina, gravedad de la voz, crecimiento de la barba y la glándula prostática (mayormente causada por dehidrotestosterona), crecimiento del falo, espermatogénesis, conducta sexual y función eréctil. Sin embargo  la importancia de pequeñas cantidades de estrógenos en hombres se ha adquirido a partir de estudios de pacientes que han perdido el receptor de estrógenos o la aromatasa.
En ambos desórdenes, el crecimiento es normal durante la infancia; el empuje puberal temprano no ocurre, pero el crecimiento lineal continúa más allá del tiempo esperado de culminación del crecimiento porque la epífisis no se cierra. Los pacientes con ambos síndromes padecen de osteopenia. De estas observaciones se puede inferir que los estrógenos en los jóvenes de sexo masculino son necesarios para que desencadene el empuje puberal, que exista una normal densidad de los huesos y que se complete el crecimiento. No se conoce cuántos de estos efectos requieren andrógenos también. Las mujeres púberes y adultas por otro lado, tienen estrógenos dominantes. Esta hormona es responsable del desarrollo mamario, flujo menstrual, empuje puberal temprano, y la culminación del crecimiento. Aún así, no como la testosterona en el hombre, el estrógeno no es responsable de la conducta sexual en las mujeres, excitación sexual, o satisfacción sexual. La base hormonal, cualquiera sea, para este fenómeno, es desconocida, pero se debe parcialmente a la testosterona.
Por otro lado las acciones intracelulares de las hormonas proveen de una fuente adicional de diferencias basadas en el sexo, así como el metabolismo intracelular hormonal, lo que de acuerdo a esta última característica hace que cada tejido pueda construir su propia identidad androgénica o estrogénica con consecuencias en el desarrollo y potenciales comportamentales que no pueden ser predecidos en base a niveles de hormonas circulantes.
Esto podría ser particularmente importante en el cerebro, con respecto al comportamiento sexual, identidad sexual, elección de pareja, y otros eventos relacionados al sexo.

Hormonas sexuales como hormonas somáticas
Una tercera estratégica selección en la evolución es la actividad de las hormonas sexuales en tejidos no reproductivos. Muchos tejidos en el cuerpo son blanco de hormonas sexuales, y en un grado variable estos tejidos son otros que aquellos que tiene un rol reproductivo. Los estrógenos tienen efectos directos en la proliferación de cartílagos, síntesis y calcificación de la matriz del hueso, y morfogénesis de la médula, efectos que fueron  atribuidos anteriormente a la testosterona.
Otros estudios han demostrado que los estrógenos tienen efectos marcados en tejido y función cardiovascular. Algunos de estos efectos son típicamente influencias genómicas en la síntesis de proteínas mediada por la trascripción inducida como resultado de la unión de las hormonas a receptores intracelulares y ADN. Estas acciones generalmente son protectores contra la ateroesclerosis, y la disfunción endotelial. Aún así otras acciones influenciadas por estrógenos, como vasodilatación en respuesta a acetilcolina, ocurren demasiado rápidamente como para se r explicadas de manera similar. Estos atribuyen la existencia de receptores de membrana celular y mecanismos no genómicos similares a la acción de neurotransmisores. Estos son  aditivos a los efectos genómicos en sus rápidos efectos en los vasos sanguíneos.
La extrapolación de la presencia de los receptores de andrógenos y estrógenos a la posibilidad de diferencias basadas en el sexo va bien más allá del sistema cardiovascular. Hay receptores de estrógenos en hueso, específicamente en los osteoblastos. Bajo circunstancias comunes, la formación y reabsorción del hueso están acopladas y la densidad del hueso es constante. Después de la menopausia sin embargo, la formación de hueso no se acopla a  la reabsorción de l hueso y hay una continua y progresiva perdida de la densidad mineral ósea, particularmente rápida en los primeros cinco años posteriores a la menopausia. La resultante osteoporosis, la cual incrementa el riesgo de fractura de cadera y espina, es una consecuencia bien conocida de la menopausia. Es menos familiar la andropausia masculina, un decremento hipotalámicamente mediado que disminuye la producción de testosterona por las células de Leydig lo que es menos completo y lejanamente más variable que la deficiencia de estrógenos en la mujer posmenopáusica. No obstante, hay importantes consecuencias que incluyen la pérdida de masa libre de grasa, atrofia y debilidad muscular, hipogonadismo y osteoporosis. El incremento relativo a la edad en el riesgo de fractura demora alrededor de 10 años con respecto al de la mujer, pero las consecuencias de la fractura de cadera son peores, en particular en el hombre.

Diferencias genéticas entre sexos
Hay diferencias genéticas importantes entre los cariotipos 46 XX y 46 XY. La más obvia es el contundente contraste entre tamaño y forma de los patrones de herencia en los cromosomas X e Y. El cromosoma X contiene alrededor del 5 por ciento del ADN del genoma humano.
El cromosoma Y no solo no sólo tiene menos de la mitad de esta cantidad sino que tiene una larga porción heterocromática de su brazo largo que es no codificante (NdelT: por “no codificante” se entiende que esta secuencia no dará como resultado ningún producto génico como una proteína, tal como sucede con las regiones “codificantes” dentro de las que encontramos genes).
La contundente disparidad de los dos cromosomas X en las mujeres en comparación con el único X en el hombre, es parcialmente reducida por la inactivación del segundo cromosoma X por metilación azarosa de sus genes y conversión del X lineal en una pequeña esfera de ADN genéticamente inerte conocida como Corpúsculo de Barr.
Este proceso se cree que ocurre en algún momento antes de que haya 20 células en el blastocisto. En esta pequeña población de células, los procesos estocásticos predicen que una inactivación puede ocurrir en algunas personas. En varios estudios, entre el 1 y el 20 por ciento de las mujeres tienen inactivación no azarosa de las poblaciones de sus cromosomas X. Adicionalmente hay un incremento en la no-azarocidad relativa a la edad: se encuentra una inactivación sesgada en menos del 7 por ciento de las mujeres bajo los 25 años de edad, pero como mucho en el 16 por ciento despues de los 60 años de edad. Más aún, no todo el cromosoma X es inactivado. El gen “Xist”, un gen que inicia la inactivación en el cromosoma X, es transcripto del X inactivo. Aproximadamente el 15 por ciento de los genes el X inactivo escapan la inactivación, y otro 10 por ciento son parcialmente inactivados, con un porcentaje de inactivación que varía de una mujer a otra. Por ende, hay un amplio alcance para dosis dobles de genes portados en el cromosoma X que contribuyen a la existencia de diferencias biológicas entre los sexos. Los testículos fetales no secretan activamente testosterona hasta alrededor de la octava a décima semana de gestación. Aún después de la inactivación completa de del segundo cromosoma X, hay una amplia oportunidad para la diferencia entre los fenotipos XX y XY para influenciar la diferenciación temprana y el desarrollo tardío. La evidencia de este efecto se ha encontrado en el ratón pero no aún en el humano.
En contraste a los aproximadamente 1090 genes en el cromosoma X, el cromosoma Y contiene 80 genes que pueden ser divididos en dos grandes clases. Una clase es la de los genes “housekeeping” o “genes de mantenimiento”, comunes tanto en el cromosoma Y como en otros cromosomas, que están involucrados primariamente en el mantenimiento de la estructura, identidad y función fisiológica celular. La segunda clase consiste en genes únicos en el cromosoma Y, que concordantemente con esto, se denomina “región específica masculina”. Estos genes están presumiblemente relacionados, y en algunos casos  de manera demostrable,  con la función testicular masculina. La más importante de estas regiones es el locus determinante sexual del cromosoma Y (SRY), que dirige la diferenciación fetal de la gónada en testículo. Finalmente, en contraste, dos regiones del cromosoma Y forman quiasmas con las porciones del brazo corto del cromosoma X durante la meiosis, por lo tanto la recombinación entre el cromosoma X e Y ocurre, en baja frecuencia, haciendo una pequeña contribución a las diferencias basadas en el sexo. Este fenómeno tiene peso adicional si se tiene en cuenta que los genes en el cromosoma Y  tienen el doble de la frecuencia de mutación que aquellos localizados en el cromosoma X.

Imprinting
La combinación de meiosis en la gametogénesis y mitosis en la embriogénesis asegura que cada locus autosómico génico tiene un alelo derivado materno y paterno que están activos. Pero en el caso de por lo menos 50 genes, uno de los alelos en silenciado por la metilación de residuos de citosina, un mecanismo superficialmente similar al de la inactivación del X. En un proceso que comienza durante la gametogénesis y termina una vez que la determinación es realizada en el embrión, el silenciamiento uniparental perdura través de la vida de la progenie. Los genes humanos afectados parecen ser primariamente aquellos influyentes en el crecimiento, con los genes del alelo materno silenciadores de la promoción del crecimiento y los alelos paternos supresores de la reducción del crecimiento. Por lo menos un desorden humano refleja el poder del imprinting. Cuando un locus es hemiparental para el gen paterno, esto resulta en el Síndrome de Prader Willi (caracterizado por hipotonia, retrasos en el desarrollo, hiperfagia, manos y pies disminuidos, desarrollo sexual incompleto y baja estatura).
Inversamente la pérdida de expresión del alelo materno causa el Síndrome de Angelman (caracterizado por retardo mental, hipotonía, ataxia y cara redondeada).
La herencia mitocondrial es una causa adicional de la disparidad entre sexos. Las mitocondrias están presentes en la mayoría de las células, pero se heredan exclusivamente de la madre. Estas llegan al cigoto a través del óvulo y los genes que portan se replican en cada división celular pero no recombinan con el resto del genoma. Aunque se ha reportado algún caso por herencia paterna de cierta patología mitocondrial, esta singularidad subraya la importancia en la hegemonía mitocondrial materna.

Factores socioeconómicos
Este artículo se ha focalizado en los factores biológicos involucrados en las diferencias entre sexos, pero el ambiente sociocultural puede aportar diferencias adicionales. Por ejemplo la preferencia por los varones en muchas sociedades agrarias puede llevar a una alimentación preferencial hacia los varones, y en extremos, aborto de fetos femeninos e infanticidio femenino. En algunas sociedades, las niñas son sometidas a mutilación genital y las mujeres pueden ser sometidas a horribles abusos físicos por parte de sus maridos siendo amparado por las leyes. Adicionalmente, en algunos países no se les permite a niñas y mujeres asistir a la escuela, poseen un estado de ciudadanía secundario sin derecho al voto, y tienen poco control sobre su propia sexualidad. Estas disparidades cargan de enfermedad a la mujer.

Conclusiones
Las disparidades entre sexos se extienden hacia todas las experiencias clínicas en medicina. Los mecanismos directos de la mayoría de los fenómenos involucrados en el dimorfismo sexual todavía no han sido identificados. Aún, es sumamente probable que estos mecanismos se aclararen por el estudio de expresiones sistémicas o locales de las diferencias fundamentales entre los sexos en lo que refieren a lo genético y a los controles endócrinos descriptos en este artículo.


 

Traducido y adaptado de Federman, D."The Biology of Human Sex Differences".
New England Journal of Medicine.(April 6, 2006) Vol. 354:1507-1514. Number 14.




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