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¿Qué hacer cuando un chico se niega a ir a la escuela?
Escrito por Silvia Tomás   
27.09.2006

Santiago, de 12 años, alto, inteligente y agradable, fue muy buen alumno en la escuela primaria. Pero todo cambió cuando pasó a un colegio secundario más grande.

Ahora, debía levantarse a las seis de la mañana, en lugar de a las siete y media, para tomar el micro. Ya en la escuela, tenía problemas para ubicarse y llegaba tarde a las clases. Sus profesores, en lugar de preguntarle las razones -que incluían las amenazas y golpes de varios chicos mayores-, lo obligaban a quedarse después de clase como castigo.

Ahora, debía levantarse a las seis de la mañana, en lugar de a las siete y media, para tomar el micro. Ya en la escuela, tenía problemas para ubicarse y llegaba tarde a las clases. Sus profesores, en lugar de preguntarle las razones -que incluían las amenazas y golpes de varios chicos mayores-, lo obligaban a quedarse después de clase como castigo.

Sus calificaciones cayeron en picada y sus sentimientos hacia la escuela les siguieron. No podía dormir de noche y comenzó a faltar al colegio. Sus padres hablaron con las autoridades de la escuela sobre sus problemas, pero nada cambió. El diagnóstico era un trastorno de ansiedad por el cambio abrupto del entorno escolar, que mejoró con medicación y 18 meses en una escuela terapéutica. Hoy, Santiago está en una pequeña escuela privada, donde alcanzó el cuadro de honor nacional.

Negarse a ir a la escuela no es un problema infrecuente: hasta el 25% de los chicos no quiere ir en algún momento de su escolaridad, lo que es más habitual entre los 10 y los 13 años. A esa edad, en general abandonan el entorno acogedor de la primaria para pasar al caos del colegio secundario y a la confusión que les produce relacionarse con varios profesores al mismo tiempo.

Se suma a eso la agitación hormonal. Muchos chicos sufren crisis de autoestima y de la propia imagen, exacerbadas por el hecho de que pasan de ser los mayores y más experimentados de la escuela a ser los más chicos y lo más inexpertos.

Pero la causa más común de ese problema, llamado "conducta de rechazo a la escuela", son las amenazas que reciben de otros. "Los chicos que son amenazados o a los que se les toma el pelo suelen sentir ansiedad cuando llega la hora de ir al colegio -asegura Michelle Kees, psicóloga de la Universidad de Michigan-. Y algunos evitan ir porque les resulta demasiado difícil o porque tienen un trastorno de aprendizaje no diagnosticado."

Los síntomas frecuentes de la conducta de rechazo a la escuela incluyen agresividad, apego a los padres o a otro adulto, comportamientos desafiantes, excesiva búsqueda de seguridad, negativas para levantarse o prepararse para ir al colegio, huida de la escuela o del hogar, malhumor, rabietas y llanto.

El psicólogo Christopher A. Kearney, de la Universidad de Nevada, en Las Vegas (EE.UU.), describió cuatro situaciones que pueden provocar el rechazo a ir a la escuela. Junto con ansiedad subyacente y depresión, el niño puede sufrir angustia frente a los profesores, a los estudiantes, al micro escolar o al aula. En ese caso, el chico quizá busque recibir atención de sus padres al quedarse en la casa o al querer acompañarlos al trabajo.

Otra posibilidad es que el chico considere quedarse en la casa una experiencia agradable que le permite dormir hasta tarde, mirar televisión, jugar con los videojuegos o, en el caso de los adolescentes, dedicarse a la delincuencia o al consumo de drogas. Hay estudios que demuestran que las consecuencias pueden ser graves si no se trata esa conducta de rechazo: en el corto plazo, los chicos que no van al colegio bajan el rendimiento escolar y se alejan de sus amigos.

Los problemas más comunes en el largo plazo, según Kearney, incluyen el abandono de los estudios, las conductas delictivas, las privaciones económicas, el aislamiento social, los problemas matrimoniales y la dificultad para conservar un trabajo. Si un chico no recibe el tratamiento necesario, la conducta de rechazo a la escuela puede provocar futuros trastornos de ansiedad, de personalidad o depresión.

Los niños pequeños que recién comienzan la escuela o que vuelven luego de las vacaciones pueden temer dejar a su familia o su entorno. En la mayoría de los casos, las dudas iniciales desaparecen a medida que el niño se familiariza con la escuela y sus reglas, y hace nuevos amigos.

Por Jane E. Brody
De The New York Times

Opinión

Preguntar los porqués
Por Silvia Tomás

La escolaridad, que en nuestro país comienza en el jardín de infantes, marca un hito en la vida. Si hasta ese momento el chico estuvo al abrigo de su hogar, su paso a la escuela lo ubica en una posición diferente: será necesario que ese pasaje -muy importante- sea gradual.

Conviene que el adulto dé lugar a las preguntas, a las expectativas y a los temores que el niño tenga, lo que permitirá "darle nombre" a lo desconocido. Es importante recordar que se va al colegio no sólo para aprender; la construcción del lazo social que un chico pueda armar con sus pares será de vital importancia en su vida presente y futura.

Cuando los chicos se niegan a ir al colegio, hay que indagar la causa. En las escuelas, hay a menudo episodios de violencia ante los cuales algunos chicos, al sentirse agredidos y no saber cómo ubicarse, prefieren ausentarse. Es importante conversar con ellos para que no queden capturados por la situación y busquen como única salida desaparecer del lugar.

Por otro lado, muchos niños se sienten frágiles, burlados o aislados, y sufren al no poder conectarse con sus pares. En esos casos, se deberán tener en cuenta las razones personales que los llevaron a sentirse inhibidos o desvalorizados frente a los demás. En lugar de un cambio inmediato de colegio, se deberán averiguar las razones del padecer, ya que, si cambiara compulsivamente de lugar, sin revisar lo propio, la escena de aislamiento podría repetirse.

La autora es psicoanalista y coordinadora docente y supervisora del Centro Dos ( www.centrodos.com.ar )



LA NACION | 16.09.2006 | Página 20 | Ciencia/Salud
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