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Juego, juguete y transmisión de roles
Escrito por Imma Marín. Directora de Marinva, juego y educación   
04.01.2007
Que nacemos con un sexo biológico determinado y que, inmediatamente, en interacción con los demás y el entorno construimos el género o rol sexual, parece evidente. Este conjunto de trazos del carácter, de formas de comportamiento, de actitudes, que la sociedad atribuye a las personas según su sexo y que denominamos género, lo adquirimos y desarrollamos con la educación y, por lo tanto, lógicamente, varía según las culturas, épocas históricas e, incluso, clases sociales. Es decir, la construcción del género es básicamente social.

Partiendo de esta base y teniendo en cuenta que es dentro de la familia donde empieza a formarse la personalidad del niño, es en este entorno donde se ejercen las primeras discriminaciones. Antes de los 2 años de edad las criaturas se clasifican, sin duda, en niño o niña (interiorizando así todo lo que claramente les hemos transmitido). De hecho, hay estudios que muestran como los adultos, al identificar a un niño como niño o como niña, los tratamos de manera diferente, y, en consecuencia, jugamos con ellos con juguetes que los adultos consideramos por uno u otro sexo.


Así, cuando los niños llegan el parvulario ya tienen muy bien definidos los roles, gustos, tipos de juegos, etc. Es decir, estereotipos de género establecidos (diferencias de trato y de estímulos, tono de voz, contenidos de las frases, actividades diferentes, juguetes...), con auto-imágenes muy definidas, existiendo una marcada preferencia en los juegos y una clara diferenciación del universo femenino y el masculino.

Más adelante, los educadores, en muchos casos, prolongamos la situación que se inicia a la familia, reforzando los estereotipos y los modelos de género. De esta forma, se observa que, a los 5 años, después de recibir la influencia de la escuela en el periodo de educación infantil, sólo se aprecia un ligero aumento en el tiempo jugar con juguetes identificables como del otro género.

A los 7 años, se produce un aumento de la diversificación en cuanto al juego, pequeñas incursiones en el otro género. Aún así, los niños se sienten infravalorados si sólo pueden jugar a juguetes que entienden que son para las niñas y los utilizan para sus ideales de juego; lo mismo que si se dan juguetes "de niño" a las niñas.


¿Cómo influyen los juegos y juguetes que ofrecemos a nuestros niños en la construcción de género?

Si hablamos de la infancia tenemos que hablar obligatoriamente de juego, pues el juego responde a la necesidad propia de cualquier niño o niña: el juego es un impulso primario y gratuito que nos empuja desde la niñez, es la manera natural que tenemos para aprender y los juguetes, herramientas del juego. Los niños y niñas necesitan entrar en contacto con el mundo y la vida para descubrirla, conocerla, interpretarla y estimarla. Necesitan jugar e imitar

El juguete nace jugando (aunque hay juegos sin juguetes), los objetos aparecen desde el primer momento intrínsecamente vinculados al juego. Cada vez le otorgamos a los juguetes un papel más importante y comprometido puesto que cada vez se hacen más imprescindibles como recursos complementarios para el juego. Los juegos y los juguetes que ofrecemos a nuestras criaturas no siempre responden a valores de igualdad, respeto, solidaridad. Al niño se le buscan juegos de monstruos, de guerra, de ingenio, deportivos, respondiendo al modelo de hombre fuerte con iniciativa, valiendo y atrevido. A la niña, en cambio se le ofrecen juguetes de "futura mamá", o para triunfar gustando, convirtiéndola en una buena ama de casa o en una mujer deseable.

Por esto, decimos que no son simplemente los juguetes quienes favorecen los estereotipos de género, sino también y fundamentalmente, como se juega con ellos.

Así, aunque los criterios básicos para escoger los juguetes comercializados que favorezcan y estimulen el juego son que el juguete sea adecuado a la edad, seguro, de calidad, que sea estimulador, variado y que esté ligado a los intereses infantiles, los criterios que generalmente utilizamos para escoger un juguete son: edad, niño o niña y precio.

Criterios básicos para escoger un juguete

El juguete tiene que ser estimulador de cualquier aspecto del desarrollo del niño o niña: motriz, cognitivo, social, afectivo... de capacidades, acciones, habilidades y actitudes. Un juguete no tiene que ser demasiado realista, ni muy complicado, ni perfecto. El juguete deja de ser juguete cuando en lugar de ser un punto de partida es un punto de llegada. Un juguete no tiene que ser un itinerario a seguir, sino el estímulo para descubrir.
Con juguetes fuertemente estereotipados o sofisticados, el niño o la niña no pueden transformar simbólicamente el objeto, porque su intervención está rígidamente predeterminada por las posibilidades de utilización del juguete, entonces es cuando utilizan el mundo de los adultos, no lo inventan. Aún así, los juguetes tienen que representar simbólicamente el mundo de los adultos. Los niños y niñas quieren hacer suyo el mundo de los adultos y los objetos de juego tienen que partir de éste. Pero ésto no impide que nos podemos animar a regalar una muñeca a un niño y no negarle su vertiente afectiva.

El juguete tiene que ser variado. Tiene que ser facilitador de un crecimiento y desarrollo completo.
No tenemos que olvidar que, siempre, tiene que existir la posibilidad de tratar los objetos que componen un juego e incluso las ideas automáticamente vinculadas a este (los patrones de los cuales hablábamos) de manera no convencional. Cambiar las convenciones de los juguetes favorecerá la interiorización de nuevas normas y pautas de comportamiento.

El juguete tiene que estar atado a los intereses infantiles. Los niños notan el rechazo social cuando escogen juegos o juguetes que socialmente no se identifican con su sexo. Hay más niñas que piden juguetes de niños que a la inversa. Mientras que lo primero se tolera e incluso se aprueba, lo segundo, se reprime. Ésto muestra la tendencia de la mujer hacia una progresiva masculinización.

Algunas propuestas

  • Ofrezcamos nuevos patrones y modelos de relaciones entre géneros
  • Ofrezcamos experiencias positivas a imitar
  • Incentivemos el juego fortuito (con juguetes improvisados) y el auto-construido
  • Participemos y disfrutemos con los juegos de nuestros pequeños y pequeñas
  • Seamos padres alegres, positivos, libres... y no olvidemos que no hace falta ser perfecto.

Jugar puede ser seguir unas reglas, pero también romperlas, saltarlas, ir más allá de las normas sociales. Y en ésto es donde encontramos el placer, la sorpresa, donde las niñas y los niños experimentan y aprenden. 

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